¿Es normal que no quiera tener sexo?

Nos enseñan en la tele, el colegio y en todos lados que el sexo es parte fundamental de la vida y que todos queremos tener relaciones, pero ¿qué pasa si no?, ¿qué pasa si nunca te llamó la atención?, o ¿si cuando lo hiciste no entendiste cuál era el big deal de todo el mundo sobre el tema?

Existen persona sexuales y personas asexuales, ambos son términos paraguas que abarcan otras categorías como heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad, demisexualidad, grisexualidad, etc…

“Si el sexo sin amor es válido, el amor sin sexo también”.

¿Grisexualidad?

Desde aquí cedo el teclado a una amiga grisexual para que nos explique a todos de qué va esto 🤓.


Los grisexuales nos encontramos como en un punto medio entre los asexuales y los demisexuales -que sienten atracción sexual sólo con personas con quienes tienen una conexión emocional-. Sí sentimos atracción sexual, pero en circunstancias muy particulares y que cambian de persona a persona.

Pero no todos somos iguales incluso dentro de todas estas distinciones. Por ejemplo, hay asexuales que se masturban y que ven pornografía, también hay otros que no hacen nada de eso. Ser parte del espectro no significa que los demis y grises tengamos sexo aburrido o muy “vainilla”; también nos puede gustar el BDSM o lo que se les ocurra, pero lo importante es que sólo lo practicamos con quienes sentimos el lazo emocional o en circunstancias específicas.

¿Asexual o arromántico?

Ese es como un mito o creencia muy común: “que las personas dentro del espectro somos unos solitarios que no queremos tener una relación amorosa nunca”. Eso es falso, porque una cosa es ser asexual y otra arromántico. Las personas arrománticas son quienes no presentan deseos por establecer relaciones románticas. Un asexual no necesariamente es arromántico y viceversa.

También es útil conocer la palabra alosexual, que es el término utilizado dentro de la comunidad asexual para referirse a todas aquellas personas que sí sienten atracción sexual. No es una palabra que suela escucharse mucho, pero es muy útil para darnos a entender. Sobre todo porque no es correcto referirse a los no-asexuales como “la gente normal”. No somos monstruos, jaja.

Mi historia:

Desde que entré en la adolescencia me sentí muy fuera de lugar. Por muchas cosas, pero una de ellas fue que todos mis amigos y compañeros empezaron a interesarse mucho en besos, fajes, sexo…y a mí nada de eso me interesaba. Sí me llamaba la atención tener novio, pero para poder hablar por teléfono muchas horas, escribirle cartitas y que me prestara su chamarra cuando hacía frío; la pura cursilería.

Mi primer novio lo tuve en la preparatoria y la intimidad sexual fue un fuerte problema dentro la relación. Sobre todo porque yo aún no sabía que era grisexual. Él era muy encimoso, siempre quería besarme y estar a solas conmigo en su cuarto. Yo no sabía cómo decirle que no quería, más porque él desde el principio me dijo que él creía que las relaciones amorosas no tenían caso si no había sexo (lo cual es una afirmación horrible incluso entre alosexuales).

Yo accedí a muchísimas cosas que no me hacían sentir cómoda porque lo amaba y porque creía que “así debía ser una relación”. En todos lados te dicen que los novios tienen sexo; que “entregarte por completo” implica sexo. Mi ex decía que si no tenía ganas de acostarme con él era porque no lo amaba, cosa que era falsa, pero yo no sabía cómo explicarlo y él no tuvo la disposición de entenderme.

Incluso en los momentos en los que sí estaba dispuesta a ser íntima con él, no lo disfrutaba mucho que digamos. Después me di cuenta que la relación abusiva en la que estaba no me inspiraba deseos ni me hacía sentir segura.

Cuando cortamos, yo no lo sabía, pero además de ser grisexual también me convertí en una víctima de abuso sexual. Eso complicó muchísimo mi vida. Yo estaba convencida de que el sexo lo arruinaba todo y ni siquiera era la gran maravilla que todos pintaban. Digo, sigo pensando que no es la gran cosa, pero al menos esa percepción ya no viene a raíz de mi trauma.

En la universidad, un día mis compañeros decidieron jugar “Yo nunca nunca” y cuando alguien dijo: “Yo nunca nunca me he masturbado”, todos se rieron porque les pareció una negación muy ridícula y bebieron. Yo también reí y bebí, pero por dentro me sentí súper incómoda. Yo nunca me había masturbado. No porque me diera miedo o pensara que estuviera mal, sólo no me importaba. Para mí masturbarse es algo tan equis como tener que cortarte las uñas, pero me dio toda la vergüenza del mundo que otros lo supieran y la sola idea de tener que explicarlo frente a muchas personas que ni me conocían tan bien me pareció aterradora, más porque estaba convencida de que me harían menos, no me creerían o no me entenderían.

Entonces vi un video en YouTube de una persona demisexual contando su experiencia. Fue una locura, porque me identifiqué a la perfección con todo lo que dijo y eso me trajo mucha paz. Comencé a investigar y descubrí que había personas como yo, quienes no tenían el sexo en su lista de prioridades, que preferían hacer mil cosas antes que acostarse con alguien, que podían amar con todo el corazón sin querer desnudarse y que también siempre se sintieron rotos, inadecuados y sentían que debían encontrar cómo repararse para “ser normales”.

Hay un chiste dentro de la comunidad que me da mucha risa porque es real: “la prueba para saber si eres asexual es reconocer que entre tener sexo o comer una rebana de pastel, el pastel siempre te resulta más tentador”.

Al principio me identifiqué como demisexual porque sólo con mi novio sentía ganas de tener intimidad sexual. Pero después me sentí más cómoda con el término de grisexual porque incluso con mi novio, el sexo sigue sin ser una prioridad. Para mí el sexo sólo es valioso porque es un acto que comparto con alguien muy importante para mí.

Oh, sorpresa, sí tengo novio:

A diferencia de lo que muchos creen, una relación entre un asexual y un alosexual sí es posible, pero requiere de muchísimo compromiso. Mi novio es alosexual y tanto él como yo hemos tenido que aprender mucho. No voy a mentir, ha sido muy duro.

En mi caso, cualquier acto sexual es como un acto de cariño a mi pareja: lo hago porque sé que eso lo hace feliz y a mí me alegra hacerlo feliz. Pero no siempre lo hago porque tenga ganas intrínsecas de hacerlo. Y eso es difícil de explicar, porque muchas personas lo toman como un “no me das ganas y sólo lo hago por cumplir” y se ofenden.

Mi novio también se tuvo que comprometer a no tener todo el sexo que uno imaginaría conseguir en una relación “sana”. Ya saben, por eso de que hay “estudios científicos” que dicen que tener sexo X veces a la semana es la clave para una relación feliz.

Él siempre dejó claro que estaba conmigo porque me amaba como persona y que todo lo demás era un plus. Así que partimos de una buena base para lograr acuerdos que nos hicieran felices a los dos. También fue una oportunidad para descubrir que la sexualidad es mucho más que sólo penetración.

¿Qué es lo más complicado de ser grisexual?

Sentir que estás roto y que necesitas que te arreglen. Escuchar a la gente decir que no existes, que seguro eres un frígido, que sólo eres así porque “aún no has conocido a la persona adecuada”. Hasta las películas y series reproducen ese prejuicio.

Sentirte invisible y que nadie te querrá porque no te entienden es lo que más duele, en mi opinión.

La verdad la tenemos fácil en comparación con el resto de la comunidad LGBTQI+, pero eso no significa que nos duela menos.

Ahora estoy consciente de que siempre es bueno experimentar y conocerse a uno mismo, pero voy a lo mismo: realmente mi sexualidad era súper inexistente y si terminara con mi novio, supongo que volvería a serlo. Pero eso está bien para mí.


Nadie puede decirnos como vivir nuestra sexualidad o vida, sólo nosotros sabemos qué somos y cómo nos sentimos. El trabajo es largo, duro y a veces oscuro, pero es mejor saber que no existe una orientación “normal”, que no existe un “cuerpo ideal” y que mucho menos porque desconozcamos cosas podemos negar su existencia.

El conocimiento está a un click de distancia, querides.