A ti, que no te quiero nombrar

Hace unos meses te pedí videollamada y nunca la hicimos, en ese momento quería hacerlo en persona, quería contarte cómo había cambiado mi percepción acerca de nosotros y de ti.

Hoy te escribo esto porque no tengo cómo más hablarte y porque me permite escribir todo lo que quiero sin importar la extensión del texto.

Tú eres felicidad, tú eres mi casa, mi hogar, eres los años en los que fui más feliz, eres mi transformación en adulta, eres los lugares que conozco y que ya no puedo transitar, también eres mi concepto de familia, eres mis dudas, mis retos, eres mis gatas, eres esas ganas que tenía de superarte que me hicieron salir de mi zona de confort y me obligaron a recorrer Caracas y me dieron amistades que hoy conservo y que ocupan un lugar muy importante, eres Venezuela y eres, cuantitativamente, gran parte de mi vida.

No te miento, todavía hoy digo que no te he superado, pero lo digo de forma consciente, lo digo recordando todo lo que representas, lo digo asumiendo que nos encontramos en un momento de vulnerabilidad y también que yo no estaba en mi mejor estado mental.

Hay cosas que me dolieron y cosas que me parecen increíblemente jodidas y que jamás pienso volver a permitir…Todo eso te lo reprocho. Te reprocho porque no fueron justas, porque fueron hirientes y porque estoy convencida de que no se hacen.

Entonces vivo en un estado constante de no entender nada, te volviste una de mis contradicciones. Yo te convertí en un fantasma que me acompaña y que de vez en cuando aparece con más intensidad a recordarme quién soy y de dónde vengo.

No sé si te quiero, no sé ni siquiera si me caes bien, no sé si podría tolerar una charla contigo…porque no eres eso, no eres mis recuerdos, eres otro…y durante mucho tiempo utilicé esas cosas malas que pasamos para negarte y tapar mi dolor. No sirvió de nada porque me doliste y me dueles. No te puedo culpar por eso. Las cagadas siempre se las achacaré a tu inmadurez.

Quiero soltar, quiero dejar de pensarte, quiero pensar en mis días en Venezuela y que no vuelvas a mi mente, pero es imposible porque estás en todo, estás ahí, siempre presente.

Luego de tantos años de conocerte, luego de tantos cambios en mi vida, luego de tanto aprendizaje, entendí que no eres tú, simplemente fueron circunstancias, fueron momentos, situaciones y efectos de lo mismos.

Te recuerdo mucho, te pienso siempre y sigues estando presente cuando conozco a alguien y me empiezo a involucrar, porque no quiero vivir lo mismo, no quiero pasar nada de lo que pasé contigo con nadie más…o bueno sí, sólo quiero la felicidad.

Llevo días pensándote, como ya los dos sabemos que me pasa, pero hace un par de días escuché esta canción que para mí sólo tiene sentido porque recuerda a ti.

Gracias.

Hermanas

“Las mujeres son unas arpías…”

“No se tratan bien entre ellas y son sus peores enemigas.”

¿Te suena?

Seguramente sí…

Pero, ¿crees que es cierto?

Yo no.

Yo veo a las mujeres como hermanas, como cómplices e iguales a mí.

No fue fácil, pero dejé de criticar y odiar…Ahora aconsejo, escucho y doy mi apoyo.

Entiendo las circunstancias de las demás y busco acercarme porque sé que nadie nos entiende tanto cómo nosotras mismas.

Sé que los logros de una, son los logros de todas.

Y no dudo en abrazar a cualquiera que se sienta sola, con miedo, o que simplemente quiera un poco de afecto.

Porque podemos ser amigas, ser confidentes, ser aliadas…y necesitamos serlo.

Y nadie nos puede decir lo contrario.

Sólo nosotras sabemos lo que sentimos cuando una desconocida nos dice que estamos guapas y que le gusta nuestro estilo.

O cuando otra nos cuenta algo que la emociona.

Incluso cuando alguna se ofrece a hacer algo por nosotras.

O nos sonríe en la calle.

Ya no me siento sola porque las tengo conmigo.

¡Así que no! Yo no creo que somos enemigas o que debamos competir.

Creo que somos un trampolín para la otra y que tenemos todo y más para lograr lo que queremos.

Si otros quieren mantenernos separadas es porque saben el poder que tenemos cuando estamos juntas.

Body shaming

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Ilustración de Fabs Nocera

El body shaming es avergonzar a alguien por su físico. No sólo se trata del peso, también del tipo de cabello, del vello corporal, de las estrías, de la celulitis, del grosor y longitud las piernas, del color de ojos…todo lo que somos por naturaleza.

Desde que descubrí el concepto y el movimiento body positive le hago cara cada vez que puedo tratando de no perpetuar con nadie los estereotipos y las críticas.

Casi siempre nosotros mismos también nos atacamos y juzgamos, como resultado de años de mala educación, de ser influenciados por la sociedad y de prestar demasiada atención a comentarios de terceros que de igual forma fueron educados bajo la falsa creencia de que existe un único tipo de cuerpo ideal.

Y no, no creo que mi cuerpo esté en su mejor momento y tampoco les voy a decir que no hay cosas que quisiera cambiar, pero eso es algo que sólo me preocupa cuando me compro ropa y que sólo pienso cuando recaigo en compararme con otras mujeres. El resto del tiempo no cruza mi mente porque no quiero seguir sintiéndome mal conmigo misma.

A veces cuando me veo en un espejo de cuerpo entero, durante un segundo, no me gusto, lo que veo me hace sentir mal y sentirme mal por mi propio reflejo me hace sentir peor.

Cuando estoy teniendo intimidad con alguien, es peor, en ese momento no dejo de pensar “¿será que realmente le gusto?” En realidad,  no importa si acabamos de tener relaciones y todo estuvo increíble…La pregunta siempre aparece, por segundos, pero aparece.

Pero justo ahí viene la otra parte, la más importante, cuando entiendo que pocas veces me siento tan sexy como cuando estoy teniendo sexo. Tiene que ver con sentirme deseada y con el poder que eso me da sobre el otro. Me gusta cómo me siento, cómo me veo y obviamente me gusta gustarle al otro.

Los cuerpos distintos, cuerpos con años de diferencia, cuerpos de contextura diferente, con pieles y olores diversos, pero cuerpos que juntos hacen magia, cuerpos que no entienden de complejos cuando se unen y cuerpos que al final hacen mucho más que las palabras que los critican.

El trío que pudo haber sido y no fue

Llegamos a su casa y nos besamos intensamente en el estacionamiento.

Subimos al apartamento y allí estaba él. Bello, más bello que en cualquiera de las fotos que había visto antes. Nos presentamos y me sirvió una copa.

Estábamos los tres viendo un concierto, conversando, comiendo snacks y bebiendo vino.

Era mi primera vez en casa de Luis, quien me llamó a su cuarto con una excusa muy mala. No había terminado de cruzar la puerta cuando me estaba tomando por la cintura, me levantó y me pegó contra la pared.

Nos besamos con muchísimas ganas, teníamos días imaginando este encuentro y por fin estábamos frente a frente.

Era obvio lo que iba a pasar.

Lo hicimos. Uno de los mejores polvos de mi vida y el pene más grande que he conocido.

Afuera estaba Gabriel, solo. Mientras Luis y yo descansábamos en la cama.

-Le gustas mucho a Gabriel

-¿Si?

-Nosotros estuvimos hablando…y…¿crees que él pueda venir?

-¿Cómo?

-¿Que si te gustaría estar con él también?

-Mmm…Oook…

Gabriel salió y entró su mejor amigo. Era precioso y estaba buenísimo.

Me dijo que le encantaba desde que me vio en fotos y que le excitaba mucho. También que ellos compartían todo, que eran amigos desde muy jóvenes y que sabían cómo pasarla muy bien.

Nos besamos, le quité la ropa, nos besamos más.

Jamás me imaginé que estaría en una situación así, pero lo estaba disfrutando.

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Ilustración de Nymphainna

Moría de ganas, pero Gabriel estaba tan alcoholizado que no logró que su pene se endureciera.

Yo, con muy poca paciencia, me levanté y me vestí.

Luis me llevó a casa, nos despedimos con un beso y más nunca volví a saber de ninguno de los dos.

El mejor sexo oral

¿Han escuchado eso de que los hombres no saben dónde está el clítoris?

Pues es verdad jaja.

Sí, todas las mujeres somos distintas, pero por algo el Satisfyer tiene tanto éxito, ¿no?

Justo así comienza una conversación con una de mis mejores amigas, contándome lo mucho que le fastidiaba que le hicieran sexo oral hasta que conoció a un tal Diego que no sólo le dio su primer orgasmo oral, sino que le dio tres.

Se conocieron por Facebook, hablaron unos días y decidieron ir por un café un domingo de invierno. Ella estaba emocionada, Diego parecía perfecto, justo el tipo de hombre que le gusta delgado pero marcado, alto, muy blanco, con canas y pecas y de 34 años.

Al encontrarse ella pensó que lucía mucho mejor en sus fotos, pero en pocos minutos se dio cuenta que la actitud de él, era lo más importante.

Ese día se besaron en el auto y se tocaron un poco. Quedaron en verse la noche siguiente. Él pasó por ella a su casa, fueron a su departamento, fumaron un poco y tomaron vodka tónics.

Conversaron mucho, descubrieron que tenían el mismo grupo musical favorito, Spacehog, y que además también tenían hobbies parecidos. Comenzaron a besarse en la barra de la cocina, pasaron al sofá y finalmente a la habitación.

Él la acostó, le abrió las piernas y comenzó a hacerlo. Y, según ella, desde el primer segundo Diego supo exactamente qué hacer. Ella no entendía nada. Jamás se había sentido así. De hecho hasta ese momento juraba que el sexo oral no era lo de ella.

Se corrió una vez, temblaba, gemía, se corrió una segunda vez y ahí fue cuando realmente se confundió, ¿dos orgasmos seguidos y con sexo oral? Cuando pasó la tercera vez, ya no sabía en qué persona se había convertido.

Diego sabía lo que hacía y se esmeraba al hacerlo. Por suerte para mi amiga, sus encuentros fueron cada vez más frecuentes y mejoraron cada vez.

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Ilustración de Chiara Ghigliazza

 

 

El sexo es un premio

A las mujeres nos educan distinto que a los hombres, sé que ya lo dije, pero es que es imposible obviarlo.

A la mayoría de nosotras nos enseñan a ver el sexo como un “premio” para el otro, por eso te debes mantener “virgen” hasta que algún hombre venga con rosas y velas.

Los hombres se tienen que esforzar por conseguir acostarse contigo, tienen que conquistarte y si estás en una relación y él hace algo malo, sin dudas, lo que tienes que hacer es no tener relaciones sexuales porque no se lo merece.

Así nos educan nuestros familiares, las películas, la televisión…en todos lados es lo único que vemos.

Y ese es el valor que millones de mujeres le dan al sexo.

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Ilustración de Bruta

Nadie nos dice que si tienes relaciones sexuales es porque quieres, porque tienes ganas, que también tienes derecho a tener ganas, que es normal que tengas ganas, o que no las tengas, y que tienes el mismo derecho que los hombres de estar con quién te provoque y de hablar de lo que te gusta o no.

Porque no somos premios, nuestros cuerpos no son “templos”, nuestro clítoris está hecho para sentir placer y somos seres sexuales. No nos acostamos con alguien para reproducirnos, para complacerlo, para ganar (o no) su amor.

Cogemos porque nos gusta.

Cogemos porque -por suerte algunas- podemos decidir hacerlo o no.

Cogemos porque sólo depende de nosotras.

Porque todo lo demás es mierda. Son personas que juzgan de la misma forma que son juzgadas, también son violaciones, son abusos, son vejaciones…

Mierda.

 

¿Por qué me da miedo ir al ginecólogo?

Estoy segura que no soy la única que siente una ansiedad gigante antes de ir al ginecólogo, o sea, el lugar es frío, estás expuesta, te ven desde lo más profundo y también existe la posibilidad de que salgas de allí con alguna mala noticia.

Además de eso, te hacen preguntas que no deberían ser incómodas, pero que por las expresiones de algunos doctores probablemente te da miedo responder.

Comenzamos leve: ¿edad de la primera menstruación?, ¿edad de la primera relación sexual?, ¿qué método anticonceptivo usas?, ¿tienes pareja actualmente?, ¿consumes drogas?, ¿tienes hijos?, ¿has abortado?…¿cuántas parejas sexuales has tenido?

Y justo en esa última pregunta me dan ganas de mentir.

Entiendo que esa cifra no tiene nada que ver con mi valor como persona, pero ¿lo entienden los demás?

Porque siendo sincera me da miedo, me da miedo que me juzguen, me da miedo que hagan un juicio anticipado de mi salud y me da miedo que me traten con violencia cuando hagan mi chequeo.

Lamentablemente no es sólo él o la ginecóloga, son mis amigos, mi madre, mi padre, mis parejas, eres tú y soy yo.

Todos estamos inmersos en este juego loco de que “la mujer debe ser decente”, “una señorita”, “darse a respetar y cuidarse”.

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Ilustración de @nique_illustration

Nos han hecho creer que “puta” es un insulto y que una mujer que disfruta de su sexualidad es una “cualquiera” y no merece amor ni respeto…Mientras que el hombre es un “campeón” y esta conducta se le celebra a lo largo de su vida.

Miles de mujeres sentimos vergüenza de decir que nos hemos acostado con 1, 5, 20, 50, o más de 100 personas…pero no debemos dejar de hablarlo, no podemos seguir callándonos.

La única razón para mantener este número oculto es que a nadie a le interesa, que es personal, que es íntimo y que además no aporta ningún tipo de información a una conversación.

¿Promiscuidad?, ¿existe un número que la defina?

¿Existe alguna forma de tener buen sexo?

Ya sé que en todos lados leemos cosas como “10 tips infalibles para provocar su orgasmo”, “vuelve loco a tu hombre con estos consejos”, etc, pero que nadie te engañe no existe una fórmula mágica para ser un buen polvo, no existe algo que funcione para todos, no hay forma correctas de seducir.

Sabemos que la excitación femenina depende en su mayoría de lo que ella esté pensando y que la mayoría de las mujeres consiguen el orgasmo sólo con la estimulación del clítoris, pero existen factores que hacen que para muchas mujeres no sea fácil experimentarlos.

Yo entiendo las relaciones sexuales como un acto egoísta, todos queremos ser un “buen polvo”, pero al final de todo, cada uno de nosotros está allí por su propio placer.

Y de eso se trata, de buscar nuestro placer, de crearlo, de hacer nuestro el momento.

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Ilustración Harumi Hironaka

No me malinterpreten, no se trata de sólo enfocarse en uno mismo y utilizar al otro como un objeto y que no importe lo que desee, se trata de saber qué es lo que te gusta y hacerlo. Entender que tus orgasmos son tuyos, dependen de ti, de tu concentración, de tu enfoque…

Y también entender que el orgasmo no es el fin último y único del sexo. Es decir, no por no tener orgasmo quiere decir que el acto haya estado mal.

Por supuesto, para saber cómo conseguir placer tenemos que conocernos y eso, como todo en la vida, cuesta trabajo y hasta años. 

La química no es fácil de conseguir. La pareja sexual ideal no viene en una caja de cereal. Y con la misma seguridad que digo eso, también les digo que pueden estar con un “mal polvo” e igual tener su orgasmo. Porque el mejor polvo de tu vida puede ser a la vez la peor pesadilla de otra persona. 

¡El autoconocimiento y la comunicación salvarán nuestras vidas!

Hablemos de menstruación

Cuando a las mujeres nos viene la menstruación nos pasan un montón de cosas. Existen más de 150 síntomas distintos para el Síndrome Premenstrual, que incluyen desde dolor de cabeza hasta ganas de vomitar, nuestro útero triplica su tamaño y además nuestras hormonas son prácticamente autónomas e incontrolables.

A mí algunos meses me da por llorar, a veces por comerme toda la comida que se me atraviesa, otras veces me enojo sin razón y algunas otras tengo todo junto o nada de lo anterior.

Sin embargo, algo que nunca me falta son las ganas de sexo.

Es una realidad, cuando estás menstruando sientes mucho más, las sensaciones se intensifican y debido a lo inflamado que está todo dentro de ti, la sensación puede ser extremadamente placentera o dolorosa.

Por suerte para mí, me encanta tener relaciones cuando estoy menstruante.

Lo primero es entender que la menstruación es un fluido corporal como cualquier otro, no hay nada de malo o de sucio con ella, es algo natural y las mujeres menstruamos la mayor parte de nuestras vidas.

¡Basta de sentir vergüenza!

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Ilustración de Sofía Teperino

Independientemente de cuál sea tu postura hasta ahora sobre esto, existen algunas razones para aprovechar esos días del mes:

  1. Si sueles necesitar lubricantes, esta es la solución más natural que encontrarás.
  2. Algunas investigaciones aseguran que tener orgasmos ayuda a disminuir los cólicos menstruales.
  3. Ayuda a que el período dure menos porque con cada orgasmo el útero se contrae y la sangre “sale” más rápido.
  4. Sin dudas, fomentará más intimidad y confianza con tu pareja.

Y también tengo sugerencias:

  1. Para evitar las manchas, lo más práctico es colocar una toalla sobre las sábanas y hacerlo en posiciones donde la gravedad no juegue en contra de la mujer. También pueden hacerlo en la ducha y voilá el agua hará todo su trabajo.
  2. Es importante, como siempre, cuidarnos y utilizar condón. Ayudará con el desastre, además de protegernos de embarazos (porque sí puedes quedar embarazada aunque estés con el período) y protegerá de enfermedades de transmisión sexual. Las mujeres durante estos días somos más propensas a contraerlas porque nuestro cérvix está más abierto de lo habitual.
  3. NO ES NECESARIA la penetración. Podemos utilizar un tampón para evitar el derrame de sangre y enfocarnos en el clítoris que nos proporcionará unos buenos orgasmos.

¡Sólo son necesarias las ganas de probar y de disfrutar!

Julia

Julia tenía 6 años cuando descubrió la colección de películas porno en VHS de su papá. Aprovechaba cada vez que la dejaban sola para mirar alguna. Incluso tenía su favorita: en la portada aparecían tres rubias vestidas con trajes de béisbol y con bates. No sabe con exactitud cuántas escenas, pero sí recuerda que cada vez con mucho cuidado devolvía la cinta hasta el punto donde la había encontrado.

Cuando cumplió 12 años tuvo su primer novio, un chico más grande que ella -mucho más grande de hecho, pero ese es otro tema- y allí tocó otro cuerpo de forma sexual, también la tocaron a ella y besó, besó mucho, besó de muchas formas y en muchos lugares…pero sólo fue eso.

Un par de años después, Julia adolescente estaba rodeada de amigas y amigos que ya habían tenido relaciones sexuales y su deseo de experimentar lo mismo fue imparable, pero antes de relacionarse con hombres, ella quería besar a una chica. No a una en específico, a cualquiera. Quería saber cómo se sentía.

Por suerte para Julia, tenía una amiga muy atractiva, que se definía como lesbiana y que además estaba soltera. No pasó mucho para que se besaran, se tocaran e inciaran una relación. Se enamoraron y estuvieron juntas durante 4 años.

Julia se denominó a sí misma bisexual desde muy joven, para ella fue natural, no le costó…cómo lo asumieron los demás es otra historia.

Por mi parte, me lleno de tristeza cada vez que conozco a personas que no se aceptan, o se entienden como seres sexuales, que no se permiten vivir y que no se dejan experimentar…Todos deberíamos poder amarnos en todas nuestras facetas y eso incluye la sexual. El camino para esto no es único, ni plano, o recto, el camino varía para todos.

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Ilustración de Mica P