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El orgasmo y yo

Creo que nunca he tenido un orgasmo.

Inicié mi vida sexual a los 15 años y a los 17 una prima, mayor que yo, me preguntó si ya había tenido un orgasmo. En sus palabras, ella juraba que había tenido orgasmos hasta que conoció a su novio de ese momento y se dio cuenta que todo lo que había pasado antes no lo eran.

Desde entonces mi vida sexual se basó en dudar si tenía orgasmos o no. Me obsesioné con el tema y mientras más investigaba más me frustraba. Todas esas descripciones de «una sensación que te recorre todo el cuerpo», «una pequeña muerte», «tanta sensibilidad que abruma», etc no encajaban con nada de lo que yo sentía durante el sexo o la masturbación.

Puedo comparar lo que sentí durante años -con muchísima menos frecuencia ahora- con un paseo en montaña rusa, la excitación va en aumento hasta que llega el punto más alto desde donde ves todo y justo ahí me gana la desesperación y suelo quitarme…creí que eso era lo más cercano que estaría a un orgasmo porque simplemente no me dejaba avanzar. En mi mente, era yo misma cortándome y no dejándome sentir lo suficiente.

Esto me decepcionaba porque siempre me he asumido como una persona de «mente abierta» y sin complejos en el ámbito sexual…¿cómo era posible que yo, que hablo de sexo abiertamente, que le doy tanta importancia y que quiero que todos podamos quitarle esas miles de capas innecesarias que tiene…no hubiera tenido nunca un orgasmo?

Vale aclarar que esa sensación de montaña rusa la vivía mucho más cuando estaba con parejas que cuando me masturbaba, cuando lo hacía sola me costaba muchísimo más llegar a ese punto.

No sé cómo pasó exactamente, pero desde que un chico me hizo sentir cosas diferentes con sexo oral y no me dio tiempo de quitarme ni de desesperarme por llegar, tuve mi primer acercamiento a sentir algo más. Desde entonces traté de enfocarme en conocer mi placer, en apretar mis músculos mientras me penetran y en frotarme con todo lo que pueda durante el encuentro.

Así poco a poco esa ansiedad por llegar al orgasmo fue disminuyendo y prácticamente ya no la siento, aunque sigo pensando que no tengo orgasmos. Me excito mucho, disfruto mucho, me abstraigo bastante y me tiemblan las piernas en algunas posiciones, pero realmente esa descripción del orgasmo que está en todos lados, no encaja con lo que yo siento.

Los cuerpos son distintos y es imposible que todas sintamos lo mismo, pero me cuesta dejar de pensar que nunca he tenido un orgasmo y sé que no soy la única que se siente así. Esto lo hablo con mis parejas regulares e incluso algunas de ellas me aseguran que -desde su percepción-sí tengo orgasmos porque tal o equis razón…Pero, ¿cómo saber que estoy teniendo un orgasmo si no sé cómo se siente uno?

¿Creo que tengo un problema? La verdad no. Creo que simplemente estoy muy mal educada por la pornografía y que soy una persona muy ansiosa. Si te pasa algo parecido, puedes leer sobre la anorgasmia y también ir con tu ginecóloga/o para resolver si se trata de algo físico o meramente mental.

02 de noviembre de 2021

Me despedí de ti no una, ni dos, ni tres veces…Me despedí de ti miles de veces. Imaginé diálogos una y otra vez. Te lo grité en silencio otras miles. Te escribí una carta. Te lo grité en voz alta cuando «descubriste” lo que para ti era una muestra clara de infidelidad. Te lo grité en una segunda oportunidad…

No sirvió de nada porque duele mucho.

Hasta que te tocó a ti, hasta que te tocó a ti hablar y decir que también te sentías solo, que también sentías que mi compañía era nula, que te sentías ignorado…

Lamento tanto esto.

Acostumbrarme a lo bonito que fue en un momento, lo único, especial, lo que lo hizo tan nuestro. 

Me duele sentir que nunca me dejaste entrar a tu vida, creo que esperabas que yo me hiciera un espacio, pero no me lo creaste…o no cómo creo que hubiese funcionado para ambos.

Siento el fracaso.

El dolor en el pecho.

Muchas veces no me caes bien. Cuando hablas sin filtro, cuando dices cosas hirientes y actúas como si nada luego, cuando no puedes decirme que me quede, cuando no puedes decirme que me quieres, cuando no me besas, cuando no me agarras las nalgas…a veces cuando siento que estorbo, que te robo el aire, cuando te aburre lo que te cuento, cuando todo lo hago mal, cuando tengo que andar en puntillas y que mis pies te dan asco.

Nunca nada de ti me ha dado asco.

Me duele mucho…

el todo me recuerda a ti,

el todo me suena a ti.

Siento mucho haberme perdido dentro de esta relación, no mostrarme como soy, no mantenerme firme ante cosas, ante mis gustos, ante tus críticas…lamento haberme hecho pequeñita casi tanto como una niña que no puede ni sabe expresarse.

Te amo, me vulneré ante ti como nunca y te extraño a diario.

Me urge sanar, no quiero aguantar, no quiero esperar.

Mi novio está conmigo para pasar el tiempo

Sabrán disculpar que esté monotemática con esto de la soltería , pero desde que a mis 21 años mi exnovio venezolano decidió que no quería estar conmigo, luego de varios intentos de relaciones, otros de obtener cariño mediante sexo y más…Ahora cuando recién estoy comenzando una relación nueva y estoy enamorada por primera vez en 1234567890 años…me están pasando cosas.

Me da miedo que mi novio no me quiera y sólo esté conmigo para pasar el rato. Ajá, así me siento y sé que son mis inseguridades y el síndrome del impostor a todo lo que dan.

Pero como soy experta en creer que las cosas buenas me pasan por suerte y las malas porque me las merezco y «siempre me pasan», no he logrado dejar de creer que mi relación es una simulación y en medio de este tornado de sentimientos tristes, llegó a mí el audio de una buena amiga con las palabras que necesitaba escuchar, que guardaré para siempre y que espero que le sirvan a alguien más:

«Te lo voy a decir así: dejate de joder. No pienses en eso, o sea, obviamente que uno siempre necesita que le demuestren que lo quieren y quieres que te diga que sos ideal para él, pero no. Capaz que justamente tenía otras relaciones, pero en ese momento le gustaban y ahora quiere algo diferente, o te quiere a pesar de eso, o capaz que sí está porque ahora es lo que tiene y está bien así y listo.

No te tenés que cuestionar si sos el amor de su vida o si van a estar mil años juntos. No, es tipo «bueno, ahora lo pasas bien, ahora estás bien, ahora te sentís cómoda, te gusta estar con él…» Bueno, buenísimo, genial.

Obvio todos vamos a tener nuestras inseguridades respecto a uno y respecto al otro. De «ay, no será que se aburrirá de mí», «ay, no será que le empezará a gustar otra»…Y sí, puede pasar, como también te puede pasar a vos.

Obviamente que hay veces que hay relaciones en donde se nota que uno está mucho más enganchado o enamorado que el otro. A veces es por la personalidad y a veces se da. Pero para mí no tiene sentido que te cuestiones esto y menos que te compares con lo que crees que a él le gusta, o estuvo, o las cosas que a él le gustan y qué vos sos…porque no tiene sentido. Y no te hagas la gran de «ay no, ya veo que él me quiere sólo porque no tiene otra cosa que hacer; entonces esto se va a terminar y chau» y cuando te estás enganchando en serio, cuando estás creando una relación en serio; ya te la autoboicoteás…

Así que te diría que no pienses en eso. No le des demasiadas vueltas. Enfocate en todo lo que tenés que pensar, en focalizar en la energía y tratar de disfrutar de tu relación dure lo que dure sea lo que sea y ya está.»

Gracias, Fran, por esto y por todo. Te adoro infinito.

También gracias a ti, bebé, por aguantarme y por amarme como lo has hecho. Te amo.

Catársis

En 2020 comencé a escribir en este espacio y también busqué todas las cosas que había publicado a lo largo de mi vida, asé llegué a un texto de una cuartilla y media que había escrito a los 17 años para Redacción I en la universidad.

La premisa del texto es ¿Quién soy? y yo había olvidado por completo su existencia. Pasaron días para que dejara de pensar en él e incluso llegué a compartirlo con personas cercanas, diciéndoles lo mucho que me sorprendía que aunque habían pasado 10 años, bien podría haberlo escrito ese mismo día. 

A ver, sí, en 10 años pasan muchísimas cosas y lo lógico es que cambiemos, maduremos y vayamos siendo diferentes, pero realmente me sorprendió que Alejandra de 27 años no era tan diferente de la Alejandra de 17. 

La esencia, las cosas importantes y lo que me importa, seguía intacto. 

Decidí que tenía que hacer la versión de 27 y no me tomé el tiempo de hacerla antes de cumplir los 28, pero en diciembre cuando se terminó nuestro primer año de pandemia y vi los recuentos de todos, también tuve que ganas de hacer lo mismo y así es como nace este texto. Una mezcla de tratar de describirme, de todo lo que cambié, viví y aprendí en 2020 y también como una despedida. 

Hoy es 23 de enero de 2021, tengo 28 años y como ya lo dije acabamos de pasar uno de los años más raros que me tocará vivir. 

Enero lo comencé en casa de mi mejor amiga y luego fui a una fiesta con un grupo de amigos que me hacían sentir como en casa siempre, me habían dejado entrar en su círculo y me hacían sentir aceptada y querida. 

También hacía unos pocos meses que había terminado un intento de relación que no terminó nada bien. Sin embargo, me demostró una vez más qué cosas son las que quiero o no de una relación y cómo lo que está mal siempre estará mal por más que intentemos de negar la realidad. 

Mi vida estaba bastante bien. Estaba rodeada de personas que me hacían sentir querida, tuve un par de episodios bonitos en el trabajo, vi en concierto a un músico que me había cambiado la vida -que meses después sería acusado de cosas horribles-, creía que podía tener un amigo con derechos sin vincularme más de lo debido, hice cosas que no había hecho nunca…y así llegó la pandemia. 

Y yo seguí haciendo cosas nuevas, fui a playas que no conocía, hice de modelo y poco a poco llegó la inspiración a mí. Tenia más tiempo libre, podía organizar mis horarios y empecé compartir con amigas y amigos que admiro y que me llenaban de inspiración. También retomé los ansiolíticos y me sentía invencible. 

Tenía ganas de hacer cosas, quería decir y crear, algo que fácilmente no sentía desde por lo menos 5 años antes. 

Uno de mis roomies se contagió y me vi obligada a dejar esa rutina que recién adquiría, mi “estabilidad” tambaleó y me dio mucho miedo que esa productividad y ganas de hacer cosas que fácilmente tenía más de 7 años sin sentir, desaparecieran por completo.

Decidí volver a terapia psicológica y en paralelo comencé a tener problemas de salud por la mala postura que el homeoffice mal planificado me hacía tener. 

Por primera vez me vi inhabilitada a hacer cosas simples como cepillarme los dientes, abrir puertas o utilizar mi celular. El dolor era muy fuerte, constante y para ese entonces era consecuencia de mi constante estrés y sobre explotación laboral…pero ¿cómo era posible? Yo estaba muy feliz con el proyecto del blog, escribiendo y colaborando con personas. ¿Cómo iba a poder dejar de hacer eso que me hacía tan feliz, útil y con esperanzas? 

En terapia descubrí que esa motivación que tenía años sin sentir y que disfrutaba al máximo, se convirtió en una forma más de evasión de mi realidad y mi cuerpo no tardó demasiado en gritarme lo que en realidad pasaba: estaba llenándome de tareas y compromisos para mantener mi mente callada y evadir los problemas que con la cuarentena y la terapia habían salido a la luz.


6 meses después de que comencé a escribir esto, es decir en julio de 2021, la vida me ha cambiado de manera insospechada. Ya perdí la cuenta de las cosas que han cambiado en estos meses y sin dudas, el 2021 ha sido más bueno y complicado que el primer año de pandemia mundial.

Ya tengo un diagnóstico de salud, aprendí a cuidarme en ese aspecto, estoy enamorada, conocí más cosas oscuras de mí, me mudé sola, decidí establecerme seriamente en México, cambié de trabajo, tomé decisiones y seguí dándome cuenta de que estoy rodeada de gente que vale muchísimo y que me apoya.

Hoy más que nunca quiero ser mejor persona, quiero entender porqué hago, siento y digo. Todo lo que me está pasando viene con retos y con mucha reflexión acerca de quién soy porque me di cuenta que no me caigo tan bien cómo creía.

No sé qué va a pasar, tengo miedo y muchas ganas.

La historia de mi aborto

Conocí a David en una fiesta con mis amigos del colegio, era el mejor amigo de un compañero, nos gustamos mucho y nos hicimos cercanos muy rápido. Luego de unas semanas hablando por mensajes, me pidió que fuéramos novios. Obvio dije que sí.

Me acompañaba todos los días a casa, me regalaba cartas y me hacía sentir muy especial.

Luego de algunos meses juntos, decidí que quería tener intimidad con él. Yo nunca había estado con nadie y sentía curiosidad. Así fue como una tarde luego de clases, en su casa, pasó por primera vez. La experiencia fue rara, como todas las primeras veces, pero poco a poco nos conocíamos más y aprendimos a conectar también ese aspecto.

Luego de tres meses de esa primera vez comenzaron a pasarme cosas. Todo el tiempo estaba cansada, siempre tenía sueño y mis senos me dolían. Me sentí así varios días, hasta que me di cuenta de que mi menstruación estaba retrasada.

Yo tenía 17 años y mi educación sexual había sido casi nula. En el colegio se habían limitado a contarme sobre las pastillas anticonceptivas y los condones y sinceramente cuando me dijeron que con el sexo sin protección la mujer puede quedar embarazada, lo entendí tan mal que creía que sólo con un beso podía embarazarme.

En mi casa, la cosa era peor. El tema era totalmente tabú y ni mi madre ni mi padre estaban conscientes de lo que implicaba una educación sexual oportuna durante mi crecimiento.

Como sentía que no tenía a quién acudir. Hice lo que toda niña haría, hablar con una amiga.

Ella me acompañó a la farmacia por una prueba de embarazo que salió negativa. Yo seguía sintiéndome mal y sabía que algo no andaba bien. Fui por la segunda y dio positivo. Lo siguiente fue hacerme una prueba de sangre, que también fue positiva. Allí muerta de miedo, decidí ir al médico y con un eco determinaron que tenía un mes de embarazo.

David decía que sería «el mejor padre del mundo», él quería tenerlo y como ambos venimos de familias con pocos ingresos hablaba de buscar dos trabajos para que al bebé no le faltara nada.

En este punto, yo no quería continuar el embarazo. Decidí abortar porque estaba muy joven y no me sentía preparada para tener un bebé. Tenía mucho miedo, la verdad, pero era mi cuerpo. Yo decidía y nadie más podía hacer eso por mí. Tenía una vida que continuar y tener un hijo a tan corta edad no sonaba como una buena idea.

David me dejó, me llamó asesina y no se involucró de ninguna forma desde que le hablé de mi decisión.

Finalmente lo hablé con mis padres. Mi mamá apoyó mi decisión, pero tenía miedo de que algo malo pasara porque el aborto en mi país es ilegal, entonces el procedimiento sería de forma clandestina. Mi papá se molestó mucho y fue en ese momento cuando me habló de forma explícita sobre el sexo, las infecciones de transmisión sexual y los cuidados.

Lamentablemente esa charla llegó muy tarde.

El aborto fue más complicado de lo que temía. El proceso consistió en introducir pastillas en mi vagina. Un total de 10. El primer día fueron dos justo antes de dormir. Y el segundo y tercer día 4 pastillas respectivamente.

Todo fue muy doloroso. Todo el tiempo me dolía el vientre, tenía calambres, dolor estomacal, debilidad, sangraba mucho con un olor fétido…hasta que finalmente en una ida al baño saqué un coágulo muy grande.

La situación no mejoró después de eso. Nunca dejé de sentirme débil y el siguiente paso era hacerme otra ecografía transvaginal para asegurarnos de que no hubiera restos dentro de mí. Eso no pasó, no había expulsado todo.

Tenía que someterme a otra intervención, un curetaje uterino. Fui a otro centro médico y decir que había sufrido un aborto espontáneo. Allí me anestesiaron por completo y me limpiaron por dentro. Luego de eso pasé varios días con dolores al caminar y muy sensible. Me hice un tercer eco y ya estaba libre de cualquier rastro.

Todo fue muy doloroso física y emocionalmente. Por suerte conté con el apoyo de mi familia y de mis amigos. Mis papás seguían molestos, pero nunca me dejaron sola y me acompañaron en todo momento.

Pasó mucho tiempo para que volviera a tener relaciones sexuales, a veces lloraba sin razón aparente y los libros de autoayuda fueron mis mejores amigos durante bastante tiempo.

Tengo 25 años y desde ese momento no he vuelto a tener relaciones sin protección. Creo que así como yo, muchas niñas, niños y adolescentes desconocen las consecuencias de tener sexo y los métodos para cuidarse. Es muy importante que todos puedan recibir una orientación confiable para que puedan tener una vida sexual feliz y sana .


*Este texto fue escrito con base en una entrevista a una mujer venezolana.

Soy hombre y me gustan las mujeres con pene…

¿Cómo te defines? ¿Cuál es tu orientación sexual?

Uff, eso ya es una pregunta difícil. Me parece complicado e innecesario usar un término para definirlo, pero me atraen las mujeres y no me atraen los hombres. La parte particular de mi atracción es que me gusta que una mujer tenga pene. Esa es mi percepción. Si tengo la impresión que una trans es muy varonil (si veo barba o rasgos muy cuadrados), no me atrae… Es muy triste (suena como “si no eres así y así y no cumples con mis criterios, vete.”), pero no controlo lo que me gusta y es una pena (todo sería más fácil si lo controláramos). Pero por supuesto, tengo mucho respeto por todas y todos y nunca les molesto con pronombres equivocados o comentarios sobre su físico.

¿Cómo y cuándo te diste cuenta que querías estar con una mujer trans?

Al principio, cuando tenía unos catorce años, sólo era una fantasía (cuando las descubrí por azar en porno, entre otras rarezas como el hentai, etc…) y no me lo pensaba del todo. Mucho más tarde, había estado dos años y medio con una chica con la que las cosas no iban bien en la cama, y después de esa relación, me pregunté “¿Qué es lo que a mí me gusta y que tendría que buscar?” Y sólo en ese momento, volví a pensar en las trans y entré en un sitio web para conocer algunas.

¿Te sentiste raro? ¿Tuviste que investigar?

Me sentí raro cuando le dije a mi madre y me respondió que “todas las trans son hombres primero.” Antes pensaba que eran mujeres que se operaban para tener pene. Eso me perturbó mucho y de hecho, investigué un poco (sobre los diferentes casos, “non-op”, “post-op”, etc. porque por culpa de esa percepción que tenía, pensaba que las “post-op” eran las que tenían pene). Ahora, creo que me sentiría raro si tuviera una novia trans y que los demás lo supieran…porque vivo en Bélgica y aquí, mucha gente las perciben como hombres disfrazados… Y por eso, probablemente todavía hay muchas que ni siquiera se atreven a empezar su transición.

¿Consumes este tipo de pornografía?

Sí, ahora que tengo novia (con vagina) y que todo va muy bien con ella incluso en la cama, sólo veo trans en el porno. Me da diversidad y por ahora, ¡estoy muy satisfecho así!

¿Es algo que hablas con tus amigos?

Tengo un amigo al que le dije porque me hablaba mucho de sus matches en Tinder. Él lo tomó muy bien y a veces, nos burlamos de ello, pero es el único al que lo dije, simplemente porque no hablo de mi vida sexual con mis amigos. Si me lo preguntaran, lo diría sin vergüenza, y eso probablemente es porque tengo asperger. Generalmente me gusta hablar de algunos temas muy relacionados a mis intereses y los otros temas no me interesan del todo, no tengo interés del todo en las otras interacciones sociales que de hecho evito, y no tengo ningún tabú. Cualquier persona en la calle puede preguntarme cualquier cosa y me parecerá normal.

¿Has tenido alguna mala experiencia, como ser juzgado por tus gustos?

Sí, solamente con mi madre y me hirió porque su validación es la única que me importa. Darme cuenta que lo percibía así me entristeció. Lo peor es que sé que su percepción no cambiará. Tiene más de 50 años, es muy testaruda como yo y Bélgica también es lo que es. Somos un grupo de personas muy caseras y encerradas en nuestra burbuja y muy a menudo, nos cuesta ver cómo es la realidad desde la ventana que da a nuestro jardín.

«Vivo con vaginismo…»

Vivo con vaginismo. Es decir, los músculos que rodean mi vagina se contraen involuntariamente y me duele (se siente como un escozor, como si algo me quemara) cada vez que intento introducir cualquier objeto en ella. No puedo tener ningún tipo de penetración, ya sea para una revisión ginecológica, aplicar un tampón o tener relaciones sexuales con coito. No hay un consenso sobre sus causas, pero muchas veces se asocia a traumas o eventos psicológicos.

No obstante, también puede ser una afección meramente física, que se puede tratar como cualquier contractura. Por lo tanto, el tratamiento que se recomienda es una combinación de terapia psicológica y física.

¿Cómo lo descubrí?

Ha sido un largo camino para poder nombrar lo que me pasa y encontrar una solución. Hay mucha desinformación sobre el vaginismo, pues se ha banalizado y minimizado el dolor que experimentamos las mujeres y las personas con vulva. Además, el mito de la virginidad ha hecho que el dolor se normalice y ha puesto mucha presión en nosotras en el ámbito sexual.

Si hago memoria, yo creo que la primera señal fue una interacción sexual en donde sangré después de que una pareja introdujera sus dedos. En ese momento pensé que era normal el sangrado y el dolor, pues era virgen, entonces no le presté ninguna importancia. Sin embargo, ahora veo que en ese momento inició mi asociación entre sexo y dolor. Posteriormente, intenté tener relaciones sexuales con coito con mi pareja del momento y fue imposible. Recuerdo que empecé a sentir mucha frustración y desesperación. A cualquier costa quería deshacerme de mi “virginidad” pero a la vez cada vez era mayor el miedo al dolor.

La primera vez que en verdad me cuestioné qué era lo que estaba pasando a nivel físico, fue una ocasión que intenté usar un tampón y no pude. Todo esto ocurrió en la preparatoria y no supe cómo manejarlo, ni cómo acercarme a ayuda profesional. Me daba pena decirle a mi mamá que quería ir con una ginecóloga, pues no quería que supiera sobre mi vida sexual. Lo llegué a platicar con amigas y era verdaderamente frustrante que nadie más pasaba por eso. Las respuestas que recibía era que me relajara, que era normal que sangrara y que me doliera. Ahora sé que buscaba respuestas en los lugares equivocados. A pesar de eso creo que tuve la fortuna de tener amistades que me escuchaban aunque no tenían las respuestas.

Mientras todo esto pasaba, un día sufrí de un abuso sexual, el cual negué, pues no quería lidiar con las consecuencias. Pasaron meses y decidí que era momento de ir con una ginecóloga para saber qué era lo que me estaba pasando. La sorpresa que me llevé fue que me en ese episodio de violencia sexual me contagiaron VPH. Desafortunadamente, la ginecóloga que me dio el diagnóstico me revictimizó porque había bebido de más la noche del abuso. Esto sólo empeoró mi situación.

Debido a eso, después del tratamiento para el VPH, decidí cambiar de ginecóloga. Yo ya había investigado un poco en internet y me había topado con la palabra vaginismo, pero no fue hasta que la ginecóloga me explicó y enseñó los músculos que están contracturados, que supe verdaderamente lo que tengo. Después de descartar cualquier otra afección física, la doctora me canalizó con una sexóloga para tratarme.

Al  enterarme del diagnóstico del VPH y no saber por qué no podía tener penetración, mi relación con mi sexualidad empeoró. Sentí un gran miedo por no conocer mi vulva, por saber que estaba enferma, culpa por no haber ido a la ginecóloga antes y miedo a no poder compartir mi sexualidad con alguien nunca más. Afortunadamente, la vida me demostró que no es ni será así. Sin embargo, muchos años viví con miedo, sola y en silencio.

¿Qué fue lo más difícil?

Creo que la mayor limitante es la poca información que hay al respecto y todas las presiones que existen para que las mujeres vivamos una sexuallidad de acuerdo con el canon en donde la penetración es central. Además, la estigmatización y tabúes que existen alrededor de la sexualidad femenina, hacen que sea más difícil recurrir a ayuda profesional. Nos sentimos avergonzadas por no cumplir con el papel sexual de una mujer “normal”, es difícil que hablemos de ello. Creo que es necesario que cada vez se hable más de las disfunciones sexuales femeninas y de otras formas de llegar al placer. También es muy importante que los especialistas tengan las herramientas necesarias para apoyar a las personas, sin revictimizarlas, ejercer otras violencias y tomar en cuenta distintas vivencias.

¿Cómo ha sido con mis parejas?

Mi última pareja fue sumamente comprensiva y amorosa en el proceso. Al principio de la relación me costó mucho trabajo contarle todo, pero logramos construir la confianza e intimidad necesarias para poder hablar del tema. Sin embargo, hubo momentos en los que fue difícil, pues a pesar de que había comunicación, a mí se me dificultaba hablar de ello porque me seguía sintiendo insegura, como si no pudiera darle “algo”, a pesar de que él me dijera y demostrara que no era así. Creo que el apoyo de la pareja ayuda y acompaña pero lo más importante es seguir los procesos internos por y para una misma.

En este tema de las parejas siempre he tenido el miedo de cuándo es el mejor momento para informarle a unx potencial compañerx de mi situación. Me daba mucha ansiedad decirlo demasiado pronto y que se sacaran de onda por mi honestidad, o que fuera demasiado tarde y se crearan expectativas que no podría cumplir. La conclusión a la que he llegado es que mi condición no es más que un filtro adicional, y que la persona que quiera estar conmigo va a aceptarme y acompañarme.

Reconocer que vivo con vaginismo y que eso no me resta valor a mí ni a mis relaciones, fue muy difícil. La negación hacía más difícil que pudiera hablar de ello y que llevara a cabo un tratamiento. Una vez lo acepté, he podido escuchar a mi cuerpo y todo ha fluido con mayor facilidad. Esto lo he logrado a partir de un largo camino de desaprendizaje sobre lo que es la sexualidad.

Actualmente estoy tomando terapia psicológica una vez a la semana, mientras hago ejercicios en casa. Los ejercicios de Kegel me han servido mucho para conocer mi cuerpo y poder disociar los músculos del suelo pélvico. También ha sido muy importante conocer mi vulva, viéndome a un espejo y tocándola con mis dedos. Otro instrumento que me ha sido útil son los dilatadores vaginales, que tienen distintos tamaños y ayudan a relajar los músculos gradualmente.

Si estás pasando por algo parecido…

Te recomiendo tener  mucha paciencia y ternura contigo. Creo que a veces puede ganarnos la desesperación. El proceso de recuperación no es lineal; hay días buenos y días malos. En estos últimos lo más importante es tomarse un respiro y no presionarse, para intentarlo otro día. También algo que me ha sido muy útil es tener en mente que mi sexualidad no se limita a mi recuperación del vaginismo. Claro que quiero recuperarme, pero sólo para poder ampliar mis posibilidades en el ámbito sexual, no porque haya algo mal en mí. Recuerden que la sexualidad no es únicamente el coito.

Por otro lado, una de las primeras personas a las que leí fue a Pilar Pons. Ella tiene un libro, un podcast y un blog en donde habla del vaginismo y sus tratamientos. De igual manera, mi sexóloga me recomendó la página vaginismus.com, en donde viene mucha información sobre el tema. Recientemente una chica me compartió un manual para la dilatación que creo también está muy completo. Finalmente, creo que es bueno informarse y documentarse, pero también el internet está lleno de información que puede abrumar e información errónea. Además, cada persona es un mundo y hay cosas que le pueden funcionar a alguien y a otra persona no. Por eso, lo que recomiendo a primera instancia es buscar apoyo profesional por parte de unx ginecólogx o unx sexólogx.


Esperamos que esta información pueda llegar y ayudar a quien lo necesite, recuerda que no estás solx y que cualquier situación por la que estés pasando, también pasará. Si necesitas hablar, puedes contactarme sin ningún tipo de vergüenza.

Gracias por leer.

¿Las mujeres intimidan a los hombres?

¿Hay ciertas mujeres que intimidan a los hombres?

¿A los hombres les dan miedo las mujeres exitosas?

¿Somos unas locas feministas y todo está en nuestra imaginación?

Voy a hablar de algo personal que tengo ya varios años viviendo y que además condiciona la clase de hombre que me atrae.

Mi última relación «seria» fue hace más de cinco años, luego me fui de Venezuela y desde 2015 he estado saltando de romance en romance y de país en país. En todo este tiempo he cambiado de formas que nunca hubiera imaginado, he hecho cosas que no creí hacer y me he demostrado un coraje que ni soñaba. Todas esas experiencias me han dado una personalidad y un carácter que siendo muy honesta sé que no es fácil y puede llegar a ser un poco abrumador.

Puedo no caerle bien a todo el mundo porque hablo fuerte, porque me faltan dos rayitas de filtro, digo muchas groserías y me encanta dar mi opinión. Además hablo abiertamente de sexo, soy inteligente, buena en mi trabajo, independiente y no soy sumisa…

Entendiendo lo anterior y dejando claro que sé que no le tengo que gustar a todo el mundo, puedo decir que más de una vez he sentido que un posible prospecto se aleja de mí porque se siente intimidado. En realidad ya el asunto se transformó a que muchos ni siquiera se me acercan -ya sea por ellos o porque yo misma los alejo-.

Esto no me pasa sólo a mí, es una conversación constante con mis amigas solteras.

«Todos quieren a alguien honesto, hasta que les dicen algo que les duele». Algo así pasa con esto, «todos quieren a una mujer exitosa e independiente» hasta que consiguen a una que no se queda callada, que es más guapa o que gana más que ellos.

Yo busco rodearme de personas que admiro, mis amis son gente talentosa e inteligente, y en el plano romántico es igual. Me interesan personas que puedan sumar a mi vida de diferentes formas.

Sobre este tema hablé con varios hombres. Algunos me dijeron que ni siquiera lo intentan porque sienten que esa mujer no les prestaría atención, que está fuera de su liga y que no estarían a su par. Varios hablaron del tema económico y profesional, otros dijeron que la diferencia en la experiencia sexual era determinante. Uno que otro me dijo que le incomodaba la idea de sentirse menos y otros tantos que más bien el hecho de que una mujer «exitosa», «poderosa» o «muy guapa» les prestara atención y decidiera compartir tiempo con ellos los motivaba a ser mejores o a ver cosas en ellos que ignoraban.

Sé que no soy la más exitosa, graciosa, o guapa y con todo y eso todo lo descrito en los párrafos anteriores por mucho tiempo me frustró. Hoy sé que es un filtro más para la gente que se me acerca o que quiero tener conmigo.

«Soy una mujer trans liberada en el cuerpo de una mujer trans…»

¿Cuándo te diste cuenta que querías hacer la transición?

En algún momento de mi adolescencia me opuse rotundamente a la idea del género y adopté una identidad no binaria. Cuando me di cuenta de lo complicado que era hacer las actividades más mundanas (como ir al baño) con una identidad para la cual el mundo no está diseñado, sentí que tenía que elegir de las opciones que ofrecía el mundo. Durante esta época de mi vida tenía un look andrógino, aunque creo que la mayoría de la gente me percibía como mujer y eso cambiaba la forma en la que interactuaban conmigo; no necesariamente era mejor o peor, pero era diferente y eso me gustaba. Esto jugó un papel crucial en el momento de tomar mi decisión.

¿Tuviste que investigar? ¿Tuviste a alguien que te orientara?

Creo que hacer una transición de género sin ningún sistema de apoyo debe ser atroz. Antes de conocer a otras personas de la comunidad LGBT no sabía cuán sola estaba porque, a pesar de tener amigxs cis-hetero, mis amigos de aquella época no entendían por lo que yo pasaba. Durante una gran parte de mi transición fui a terapia psicológica periódicamente y además tenía un círculo de amigas travestis que me apoyaron mucho. Ellas no son trans, pero entendían el principio de diseñar una identidad diferente a la que se te asignó al nacer. Amigas trans hice un tiempo después y ellas me ayudan todavía a lidiar con algunas de las dificultades emocionales/jurídicas con las que lidiamos. 

¿Cómo tomaste la decisión?

Digamos que tomé la decisión paso por paso. No iba a tomar una decisión repentina sin saber de antemano en qué me metía. Cuando todavía me presentaba como chico, me presenté en una app de ligue como hombre trans para ver cómo reaccionaba la gente. Después, conseguí una peluca y un vestido y creé otro perfil, esta vez diciendo que era una mujer trans. En ambas ocasiones la gente fue muy grosera: entendí que si comenzaba una transición, me enfrentaría a cuestionamientos sin fin, a acoso e incluso violencia. Hasta aquí ser trans suena como la peor cosa que te puede pasar, pero me pareció que si ese era el precio por ser yo misma, entonces no era tan alto.

La euforia que sentía al presentarme como me apetecía y la felicidad de poder encontrar amigxs que me amaban y apoyaban tal y como soy no tienen precio. Evidentemente había muchas incógnitas en mi cabeza al momento de comenzar mi transición: no sabía cómo y con quién me relacionaría sentimentalmente, no sabía cómo presentarme “de nuevo” con la gente que ya me conocía, etc., pero esto todo se fue aclarando sobre la marcha. No me arrepiento en lo absoluto de esta decisión. De igual forma es mejor probar algo que quieres, aunque al final no te guste, que nunca probarlo y quedarte con las ganas. Entonces digamos que, al principio, en mi cabeza estaba la posibilidad de detransicionar si algo no marchaba bien, pero no ha pasado y dudo que pase. 

Creo que cualquier cambio que no se pueda revertir al instante causa inseguridad. Incluso la mayoría de la gente reflexiona significativamente antes de un cambio de corte o color de cabello, entonces un cambio de género es un poco más complejo. Pelear por años para que tu familia respete tu nombre y tus pronombres para después volver a lo que se te asignó al nacer no suena como mi actividad favorita de sábado por la noche. Mi decisión no fue tomada de un día para otro, diría que tardé años en tomarla e incluso comencé mi transición física sin nombrarla así: intentaba aproximarme a la imagen de belleza que quería para mí, sin necesariamente decir que estaba haciendo una transición de género. Supongo que no nombrar el cambio enseguida lo hizo mucho menos aterrorizante. 

¿Cómo lo tomó tu familia?

Muy mal. Al inicio de mi transición mi familia no me entendía, ni quería entenderme. Su reacción ante mi expresión de género fue muy hostil, lo cual desencadenó años de muchas peleas en casa. Durante estos años yo pasaba todo el tiempo en casa de mis amigas travestis porque ahí me sentía segura y querida. Mi familia no comenzó a aceptar mi transición hasta que hice mi cambio legal de género y nombre porque vieron que iba en serio. Algunos años después la situación mejoró y actualmente tengo una muy buena relación con mi familia. No sé si me entienden, pero sé que me apoyan. Me gustaría decir que la situación siempre mejora, pero desafortunadamente a veces no. A mí me fue bien en cuestión de apoyo (a pesar del inicio turbulento).

¿Cómo es el proceso?

El proceso de una transición es diferente para cada persona. El punto de partida te lo da la vida, pero el final lo concibes tú. Para mí, ser reconocida social y legalmente como una mujer era todo lo que implicaba mi transición. Claro que quiero ser bella e iré al fin del mundo para encontrar la fuente de la juventud, pero no creo que una necesite ser una estrella de cine para ser una mujer. Hay personas trans que toman hormonas, otras que se hacen cirugías y otras que no hacen nada. Me molesta profundamente cuando alguien quiere tomar el papel de cadenero en el club de las personas trans y condiciona el reconocimiento y el respeto: si no te haces X, no eres mujer. 

¿Me puedes contar del proceso del cambio de nombre?

Esto es diferente dependiendo de la localización de cada quién. En mi caso, vivo en la gran Ciudad de México. En el 2015 cambió la legislación en materia de reconocimiento de identidad, facilitando enormemente el cambio de género y nombre solamente en la CDMX. Fue un trámite administrativo gratuito que duró aproximadamente 3 meses. Lo que nadie me dijo es que después de eso tenía que cambiar todos mis documentos ya existentes, lo cual es bastante complejo porque son trámites que prácticamente se inventan con nosotrxs. Pioneras. Afortunadamente no tengo propiedades, ni testamentos para legar mis empresas e inversiones, entonces no tuve que lidiar con tanto.

¿Cómo manejas el contarle a tus parejas?

No puedo concebir desarrollar un lazo sentimental profundo con alguien sin que sepa que soy una mujer trans. Además, no me gusta perder mi tiempo (ni hacérselo perder a los demás), por lo cual prefiero conocer a la gente en línea y decirles enseguida que soy una mujer trans. El rechazo puede ser duro a veces, pero es mejor dejar las cosas claras desde el principio. Me ha pasado que los hombres que me ven en la vida real asumen que soy cis y coquetean conmigo. Normalmente nunca permito esto y me alejo porque puede terminar en algo violento. Hay algunos sitios web exclusivos para hombres cis y mujeres trans. Estos lugares suenan como el paraíso, sin embargo hay hombres que nos objetifican y no ven más allá de nuestra identidad sexual. En resumen, si la persona me interesa, le digo que soy una mujer trans desde el principio, pero honestamente el tema del amor de por sí es complicado y el ser trans le añade una capa de complejidad.

¿Cuál crees que es el mayor prejuicio que existe?

Más que un prejuicio, creo que una concepción equivocada sobre las mujeres trans es que somos mujeres atrapadas en el cuerpo de un hombre. Hay mucha gente inconforme con algún elemento de su aspecto físico y no escuchamos a gente decir (seriamente) “soy una mujer rubia atrapada en el cuero cabelludo de una morena», «una copa DD atrapada en el cuerpo de una A”. Creo que la tecnología nos permite ajustarnos y diseñarnos hasta cierto punto. ¿Por qué no habríamos de aprovecharlo? No niego mi historia, pero soy una mujer trans liberada en el cuerpo de una mujer trans. 

¿Me podrías contar sobre la peor experiencia que hayas tenido?

En algún momento de mi vida creí que sería buena idea no decirles al prinicipio que soy una mujer trans. Creí que si la gente, en un contexto amoroso, me conocía primero y luego se enteraba de mi identidad, todo sería más fácil. Error.

Uno de estos hombres que no sabían que soy una mujer trans me invitó a su casa. Ya nos habíamos visto varias veces, nos conocíamos medianamente bien. Ya había pasado tiempo conmigo, me había tocado y me había besado. No creí que mi entrepierna pudiera darle un giro tan dramático a esta historia, pero los hombres no dejan de sorprender. Acepté ir a casa de este chico. El plan era Netflix and chill, pero aquellos que pertenecen a la juventud sabrán que esto es una invitación para tener sexo pobremente disfrazada. Yo no tenía ningún plan, no sabía que iba a hacer, a pesar de que yo sabía con certeza que él quería tener sexo. Mi única precaución fue ponerme muchas capas de ropa para que no me pudiera desvestir en un descuido. Al final, accedí a desnudar mi torso solamente. Él me llenaba de elogios cada que tenía la oportunidad, diciéndome que yo tenía un cuerpo y una cara tal como a él le gustaban. Honestamente, yo quería tener sexo con él, pero no consideré pertinente “salir del clóset” haciendo un striptease ante él. Eso podía acabar muy mal. Me comencé a sentir ansiosa por toda la situación, por lo que decidí irme. Le dije por teléfono, en la seguridad de mi hogar, lo que había pasado, salí del clóset. En teoría, lo tomó bien: me dijo que él era bisexual y que tenía muchos amigos trans; sin embargo, a esto siguió una contradicción en la que él me decía que yo era demasiado femenina y que yo no le gustaba. Hace 1 hora era una diosa bajada del olimpo y ahora soy “demasiado femenina” para él. Mi cuerpo no cambió, fue su percepción la que lo hizo. No sé si hice bien, pero, como persona pansexual, no logro entender la fijación que llegan a tener algunas personas con los genitales. Yo pienso “si te gusta, te gusta, sin importar su entrepierna”, pero sé que el mundo no funciona así.

¿Cómo es tu relación con hombres cis? 

Fuera de las relaciones amorosas, creo que es como con el resto de las mujeres cis. Supongo que aquí influye el factor de que no todo desconocido que me ve en la calle sabe que soy una mujer trans, lo cual que ha ahorrado mucha violencia que sí recibía cuando se me percibía como hombre afeminado. Creo que la mayoría de los hombres cis me respetan (quizás involuntariamente porque desconocen que soy trans), pero no me entienden. Tengo muy pocos amigos-cis, por lo cual esta especie continúa siendo objeto de estudio para mí.

¿Algún consejo que quieras darles a alguien que quiera iniciar la transición?

Hazlo, hije. Nunca es demasiado tarde y siempre puedes encontrar un círculo de apoyo, aunque sea por internet. Deja de construir escenarios hipotéticos en tu cabeza. Cuando algo te pase, lidiarás con ello, pero mientras disfruta de la vida. Sé responsable y cuídate. Come frutas y verduras.

Los cuernos, los cachos y las infidelidades

Hay muchas cosas que condicionan cómo nos comportamos en una relación y cómo percibimos o creemos que esta debe ser. Compartimos, con casi todos los humanos del mundo, esta creencia de que el amor todo lo aguanta y que el matrimonio implica monogamia.

La cultura latinoamericana es sumamente machista, pero creo que la forma en la que percibimos la infidelidad sí cambia de país a país.

Mi crianza fue más o menos bajo la premisa de que cualquier persona con la que yo esté me va a ser infiel y que es mejor que yo lo haga antes para que ya no me duela tanto cuando me entere porque sí o sí pasará. Dejando de lado a mi familia, en Venezuela se aplaude y se glorifica cuando alguien le es infiel a su pareja, independientemente de si es hombre o mujer.

El tiempo que viví en Uruguay me hace creer que las parejas se van a vivir juntos desde muy jóvenes y luego si ocurre alguna infidelidad tratan de mantenerla oculta, incluso entre amigos. Esto se lo atribuyo a la personalidad de los uruguayos y también a lo pequeño del país.

Ahora viviendo en México, creo que sí se aplaude la infidelidad, pero a la vez creo que la creencia en el matrimonio-religión, hace que todo ese tema funcione distinto que en Venezuela.

Pero aunque yo haya sido criada de cierta forma, sé que no necesito ponerle el cuerno a mi pareja para prever nada o para que me duela menos cuando ella me lo haga a mí.

El tema de las infidelidades va más por la otra persona que por une misme.

Es decir, tú puedes ser la persona más guapa hegemónicamente hablando, tener muchísimo tema de conversación, ser simpatique, etc; pero si tu pareja te quiere poner el cuerno, realmente no hay nada que puedas hacer.

No sirve hacerse ideas, tratar de controlar, ser obsesivo con los pensamientos destructivos, matarse horas en el gimnasio para estar más deli, o lo que quieras…

Al final, no importa quién seas ni qué hagas, si la persona que tienes al lado quiere irrespetar los acuerdos (que deben existir) pues lo hará, sea en un encuentro con alguien random o manteniendo una relación paralela de casa, perritos y jardín.

Los celos más allá de las inseguridades que reflejan también son completamente inútiles y un gasto de energía innecesario.

Spoiler: los celos tampoco son amor.

Entonces no se maten la cabeza tratando de «complacer» o «llenar» expectativas ajenas porque creen que eso mantendrá a esa persona más cerca de ustedes.

Quien quiere estar, está.

Y quien quiere ser infiel, lo será.